miércoles, 16 de febrero de 2011

AMMAN

Hemos llegado a Jordania, último país por visitar antes de volver a casa.

Aterrizamos en Amman, la capital del reino hachemita, y la percepción fue completamente diferente a lo vivido en Delhi desde el primer momento.

Cierto que aquí no hay tanto colorido ni tanto "exotismo" como en India. Aquí todo el mundo va vestido de oscuro, las mujeres algunas tapadas hasta las cejas y otras con un estilo más occidental y la gran mayoría de los hombres visten de manera occidental y sólo unos pocos llevan túnicas. Eso sí, casi todos llevan el pañuelo rojo de cuadros en la cabeza o en el cuello. Es una ciudad islámica bastante occidentalizada y eso se nota tanto en la actitud de las personas como en las tiendas o en los restaurantes.



Vamos a pasar aquí alrededor de diez días. Como no hemos conseguido el visado para ir a Siria y visitar Damasco, que era lo pprevisto, ahora nos sobran tres días que pasaremos en Ammán como buenamente podamos... siempre hay algo que hacer o visitar.







Hemos dedicado varios días a visitar la ciudad : el centro, las mezquitas, el Teatro Romano, la Ciudadela, sus calles con los mercados y puestos de comida y ropa (hoy en día, con la globalización, no hay diferencia entre lo que se vende en cualquier parte del mundo y parecía que estábamos en cualquier mercadillo español) y callejear por diferentes zonas de la ciudad.





Todas estas vivitas las hemos realizado con mucha calma, porque teníamos tiempo de sobra y haciendo paradas para probar las tradicionales comidas árabes de la zona, aunque en el hotel, por un precio muy razonable, es donde hemos probado los mejores guisos. Y las pastelerías-panaderías.... que son un delicioso vicio.







Con un taxista que nos proporcionaron en el hotel hemos hecho un par de salidas por el país a puntos que cualquier turista que se precie debe conocer.

La primera salida fue en dirección al Mar Muerto, y por el camino visitamos cuidades como Mádaba y Monte Nebo.

En Mádaba visitamos la Iglesia de San Jorge, famosa porque en el suelo de la misma hay un mosaico enorme de un mapa de toda la zona que data del tiempo de los bizantinos. Esta ciudad es famosa por los mosaicos que hacen con piedras y visitamos el "museo" para hartarnos de ver restos de mosaicos extraidos de diferentes templos antiguos excavados.

Acabamos con los mosaicos y seguimos hacia el Monte Nebo. Por el camino disfrutamos de unas preciosas vistas del Valle del Jordán, lugar histórico por lso hechos que narra la Biblia que ocurrieron por esta zona. El Monte Nebo es el  monte donde Dios le enseñó a Moisés la tierra prometida y le vaticinó que él no la vería. Se supone que murió allí y allí está enterrado.








Continuando con nuestro periplo por las Sagradas Escrituras llegamos al Monte Elías y sus alrededores, donde vivía San Juan Bautista tal cual un ermitaño y donde bautizó a Jesús con las aguas del Jordán. Realizamos un bonito paseo por toda esta zona hasta que llegamos al lugar del bautismo. Problema: el Jordán ha perdido caudal desde entonces y ahora está a doscientos metros de allí y es un mini río.







Cuando llegamos a la orilla del Jordán nos saludamos con los israelitas que estaban haciendo la misma excursión, pero desde su país, ya que este río hace de frontera entre los dos países.








Desde allí nos fuimos al Mar Muerto.

Decidimos no bañarnos porque el tiempo no acompañaba (invierno y alrededor de 10 grados), por lo que nos contentamos con pasear por la salada orilla y disfrutar de la vista de sus azules aguas, que por cierto, a pesar del frío no estaban muy heladas.



Otro día nos dirigimos hacia el norte del país: Um Qais, Ajilun y Jerash.

En Um Qais nos encontramos con los restos bastante bien conservados de una ciudad romana. Con sus calles empedradas, su teatro romano y su templo a los dioses.
Desde allí contemplamos el paisaje de los Altos del Golán y, a lo lejos, pudimos ver el lago Tiberiades.

En Ajilun descubrimos el castillo que construyó un sobrino de Saladino, cuyo nombre me veo incapaz de repetir,  para controlar la zona de posibles ataques y defender la cuidad. Está muy bien conservado y se pueden apreciar las diferentes habitaciones y los usos que se les daban.




Por fin llegamos a Jerash, ciudad romana por excelencia y con las ruinas mejor conservadas que hemos visto nunca. Se aprecian perfectamente como eran las calles, las plazas, las puertas de entrada a la iudad, las casas de la gente (ricos y no tan ricos), los teatros.... y hasta un recinto para hacer las carreras de cuádrigas.




A pesar de que estábamos cansados, porque ya era la última visita, disfrutamos mucho paseando por las "calzadas".

El próximo viaje es a Petra y Wadi Rum, pero creemos que eso merece una explicación a parte.


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